Conversación

Valentina 23 : R-56

Una chica complaciente 441633

Se quieren mucho, pero el sexo les pierde. No saben pasar un día sin engancharse como dos perros en celo. Si os contase… Sólo deciros que una tarde, un policía les pilló en el Retiro. Alguna, hasta había oído a su padre quejarse de su madre, porque no querer tener sexo con él. A casi todas ellas, les decían que ya lo irían entendiendo cuando creciesen o sencillamente, al preguntar sobre sexo, cambiaban de tema. En casa las cosas del sexo y del cuerpo, se hablaban y mostraban con normalidad.

Generación Gimeno de Flaquer Al ocuparnos de la coqueta debemos hacer una especificación del coquetismo y la coquetería. La coquetería es instintiva, natural; el coquetismo estudiado, artificial. Frecuentemente vemos trocar la palabra coquetería y coquetismo hasta anatomía confundidas cual si fuesen voces sinónimas, a pesar de que expresan una y otro cosas muy divergentes. El deseo de agradar encerrado en sus justos límites, no debe censurarse como se censura de ordinario: el ambición de agradar nos hace ocultar defectos, adquirir cualidades, reprimir nuestros fuertes ímpetus, sofocar nuestras pasiones y presentarnos con elegante distinción, respetando las fórmulas exigidas por la urbanidad y las conveniencias sociales. El deseo de agradar es inherente a la niña, la joven y la anciana. El coquetismo es el ardiente anhelo de inspirar muchas afecciones sin corresponder a ninguna, el deseo voraz de conmover los corazones, sin responder a esas conmociones tampoco con un latido.

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