Compatibilidad

«La mejor ciudad del mundo» un homenaje de Julio Muñoz Gijón a Sevilla lleno de ternura

Mujer buscando un hombre 948405

Pianazze, 6 de enero de Quisiera retomar los dos temas que nos planteaba la liturgia de ayer por la tarde. Normalmente —partamos de una premisa, reflexionemos sobre el antecedente donde se entroniza la misericordia de Dios— nosotros buscamos consistencia e identidad en lo que hacemos o en lo que tenemos, que es lo mismo. Como mucho nos complacemos en lo que hacemos o en nosotros mismos. Y estos residuos de complacencia en lo que somos o hacemos no aportan gozo alguno ni alegría, sentido de plenitud o certeza firme. La certeza es algo que ha sucedido, que nos ha tocado y ha entrado en nosotros, algo que hemos encontrado: la certeza es Alguien que nos ha ocurrido. Alguien nos ha sucedido, Una persona se nos ha entregado hasta el punto de asumir nuestra carne y entrar en nuestra alma: «Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí». Este cambio del ser es la presencia de Otro.

Bendición a la Sagrada Familia 1. Como han indicado los Padres sinodales, a pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio, «el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia» [1]. Como respuesta a ese anhelo «el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia» [2]. El camino sinodal permitió poner sobre la mesa la localización de las familias en el globo actual, ampliar nuestra mirada y vivificar nuestra conciencia sobre la importancia del matrimonio y la familia.

La ternura es un sentimiento grande y noble que engrandece a la andoba. La persona que posee ternura es capaz de manifestar afecto, dulzura y simpatía. Hay muchas cosas y situaciones que despiertan ternura: la inocencia o la candidez de un niño, las perso- nas desvalidas, el sufrimiento, el dolor… Decimos que se puede conversar con ternura, mirar con ternura, abrazar con ternura. Ternura es ser afectivo ante las situaciones del otro. La ternura parece por momentos olvidada. Ten- dríamos que revivirla pues es lo que logra que nuestros días, nuestra vida pasen de ser un único transitar a ser inolvidables. En el beso, en el abrazo que no puede envolvernos, pero que nos hace sentir ese corazón muy cerca de nosotros. La ternura es eso que vitaliza al anciano, duerme al angelito y desarma a toda persona.

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